Fase 1: Definir la comunidad.
Personas mayores y cultura cotidiana de WhatsApp

La comunidad que he elegido está formada por personas de entre 65 y 80 años que usan WhatsApp como canal principal de comunicación con familia y amigos.
La elección viene motivada por el tiempo que llevo observando en casa a mis padres; organizan parte de su día en torno a gestos digitales que siempre me han llamado la atención: el audio enviado cada mañana como saludo, las imágenes con mensajes de buenos días, la foto de la comida compartida en el grupo familiar o continuar una cadena de mensajes graciosos reenviados. Son prácticas que yo hago de otra manera, más rápida y sin ritual, y esa distancia es lo que quiero entender. No me interesa describirlas desde fuera, sino comprender qué lógica tienen para quien las vive, qué expectativas generan y qué ocurre cuando no se cumplen.
Siguiendo la definición de Grünig Iribarren (2022), este colectivo comparte prácticas, valores y marcos de sentido que configuran una cultura digital situada. El uso de WhatsApp se integra en dinámicas previas de cuidado, reciprocidad y presencia afectiva que ya existían antes de que el móvil apareciera. Eso es lo que lo hace interesante: la aplicación transforma las formas de relación que ya había, y esa transformación deja huellas observables en los gestos cotidianos.
Lo que me interesa investigar es ese proceso: cómo se reorganizan esas dinámicas cuando pasan por la pantalla, qué significa el silencio de quien no responde, qué ocurre cuando el audio llega pero no se escucha y/o qué papel juega el grupo de WhatsApp en la construcción diaria de la sensación de estar conectado con los que importan.
El campo será híbrido, doméstico y digital, ya que observaré el uso de la aplicación dentro de los contextos materiales en los que ocurre: la sobremesa, el sofá, el momento antes de dormir. La comunidad es accesible porque el trabajo se desarrollará en entornos familiares cercanos, lo que facilita el acceso pero también exige un esfuerzo metodológico mayor. La familiaridad puede hacer que dé por obvio lo que merece análisis, que normalice tensiones o que interprete prácticas desde mis propios criterios generacionales. Tendré que sostener una mirada activamente extrañada sobre algo que conozco demasiado bien.
Desde el punto de vista ético, la investigación implicará consentimiento informado, anonimización estricta y atención especial a la privacidad digital, dado que el campo incluye comunicaciones personales. También será fundamental y de vital importancia evitar enfoques paternalistas que acentúen la brecha generacional. El discurso habitual sobre la grieta tecnológica tiende a enmarcar a las personas mayores desde sus dificultades, lo que invisibiliza los procesos reales de apropiación y construcción de sentido que desarrollan. Este trabajo parte de otro punto de vista: tienen una cultura de uso propia, con sus rituales, sus jerarquías y sus valores, que el diseño rara vez toma en serio. La perspectiva de género también estará presente, porque las prácticas de cuidado digital no se distribuyen de forma neutra entre hombres y mujeres de esa generación y esa asimetría merece ser interrogada.
La razón de fondo para elegir esta comunidad es trasladar lo que observe a decisiones de diseño concretas: interfaz de mensajería, accesibilidad digital, experiencias ajustadas a dinámicas generacionales reales. Decisiones que partan de lo que estas personas efectivamente hacen, y no de lo que se supone que necesitan.
Bibliografía:
Grünig Iribarren, S. (2022). Comunidad y cultura. Universitat Oberta de Catalunya.
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.
Debatecontribution 0en Reto 2. Abrir el diseño a la comunidad
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