Debatecontributions 5en Reto 1. La antropología en el diseño
Yaiza Rojas Salceda says:
Visibilidad: Pública
Buenas tardes Francisco,
Igual que nuestro compañero José María, me he decido a leer tu publicación por la imagen de Toy Story, ya que me ha generado mucha curiosidad. Y, la verdad, es que me ha parecido muy interesante tu enfoque sobre el uso del tenedor. Tú análisis demuestra perfectamente cómo el contexto social e histórico influye directamente en el diseño de un objeto, así como en su uso.
De esta manera, tal y como indicas con el ejemplo del restaurante de 5 estrellas, un objeto cotidiano y que utilizamos todos a diario ha llegado a desarrollar diferentes versiones para adaptarse a los diferentes tipos de alimentos e, incluso, se ha llegado a crear un protocolo específico a la hora de colocarlos en la mesa y de utilizarlos. Esto contrasta perfectamente con el otro restaurante donde trabajaste como diseñador dónde solo había un tenedor y sin protocolo existente.
También me parece muy interesante la reflexión que utilizas sobre el cambio de materiales de los tenedores para adaptarse a las necesidade sociales y cómo, en la actualidad promovidos por el ecologismo y la cultura antiplásticos, se ha pasado de producir tenedores de plástico de un solo uso, asociados al ritmo social que llevamos, y que estos se hayan convertido en tenedores de madera.
Muchas felicidades, porque me ha gustado mucho tu trabajo y me ha parecido muy interesante.
¡Buenas tardes!
Tu elección del tenedor me parece muy interesante precisamente por esa aparente simplicidad que, a medida que avanzas en el análisis, se revela profundamente compleja. Me llamó especialmente la atención cómo conectas el objeto con diferentes contextos vitales y sociales, desde la infancia hasta la experiencia laboral en el restaurante, las cuales comparto y empatizo contigo como trabajadora en el sector de la hostelería.
Me ha gustado mucho tu enfoque y, solo por añadir alguna cosa, ya que mencionas la escena de The Little Mermaid, donde la Sirenita interpreta el tenedor como un peine desde su desconocimiento cultural, me parece interesante ampliar esa idea. Si buscamos en internet y sobretodo en redes sociales como Tik Tok o Youtube, encontramos numerosos ejemplos de resignificación cotidiana: personas que utilizan el tenedor para hacer lazos para regalos, para trenzar pulseras, como guía para maquillarse el eyeliner aprovechando las púas, para crear unas pequeñas pinzas uniendo dos tenedores con una goma, arreglar cremalleras, fabricar un perchero doblando el metal o incluso transformarlo en un portajoyas.
Estas prácticas demuestran que el diseño no determina completamente el uso y que los usuarios reinterpretan y expanden sus posibilidades gracias a su forma base básica. En ese sentido, el tenedor no solo responde a la necesidad universal de alimentarse con higiene, como señalas, sino también a otra necesidad muy humana: la de improvisar, adaptar y crear soluciones con los recursos disponibles.
¡Muy buen trabajo!
¡Gracias Erika! Pues sí, tienes toda la razón, he pasado un poco de puntillas por la escena de la Sirenita (muchas veces me enrollo escribiendo y me da miedo pasarme, y otras veces me quedo corto). Yo creo que todo viene por los referentes que tenemos. En el caso del tenedor, desde que nacemos vemos a nuestros padres y familiares más cercanos utilizarlo, y al igual que vemos el manejo de otros objetos cotidianos, como el cepillo de dientes, la escoba, la fregona o una silla, los niños son una máquina de copiar comportamientos. Mi hija pequeña, con pocos meses, ya quería usar cubiertos, ¿por qué? Solo para imitar a su hermana mayor, quería ser como ella. Para ellos, y para nuestra cultura occidental, es algo casi innato, que hemos visto desde que hemos nacido.
Todo esto me recuerda a una película, Room, muy dura, sobre un niño que vive en cautividad en una pequeña habitación con su madre. Nunca ha salido de allí y cuando por fin lo liberan de su captor, el pobre niño no sabe subir escaleras: nunca ha interactuado con ese objeto y su cuerpo no está preparado. Lo mismo le pasó a la sirenita: ella nunca interactuó con el tenedor, solo lo vio usar una vez a la gaviota.
Otro punto aparte sería el factor creatividad: cómo algunos sujetos tienen la gran habilidad de darle una vuelta de tuerca al objeto y otorgarle una nueva funcionalidad. En este caso el usuario conoce la función principal del objeto, pero le da una nueva identidad gracias al ingenio.
Es un tema muy interesante, ¡gracias de nuevo!
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Buenas tardes Francisco,
Igual que nuestro compañero José María, me he decido a leer tu publicación por la imagen de Toy Story, ya que me ha generado mucha curiosidad. Y, la verdad, es que me ha parecido muy interesante tu enfoque sobre el uso del tenedor. Tú análisis demuestra perfectamente cómo el contexto social e histórico influye directamente en el diseño de un objeto, así como en su uso.
De esta manera, tal y como indicas con el ejemplo del restaurante de 5 estrellas, un objeto cotidiano y que utilizamos todos a diario ha llegado a desarrollar diferentes versiones para adaptarse a los diferentes tipos de alimentos e, incluso, se ha llegado a crear un protocolo específico a la hora de colocarlos en la mesa y de utilizarlos. Esto contrasta perfectamente con el otro restaurante donde trabajaste como diseñador dónde solo había un tenedor y sin protocolo existente.
También me parece muy interesante la reflexión que utilizas sobre el cambio de materiales de los tenedores para adaptarse a las necesidade sociales y cómo, en la actualidad promovidos por el ecologismo y la cultura antiplásticos, se ha pasado de producir tenedores de plástico de un solo uso, asociados al ritmo social que llevamos, y que estos se hayan convertido en tenedores de madera.
Muchas felicidades, porque me ha gustado mucho tu trabajo y me ha parecido muy interesante.
¡Hola Yaiza! Sí que ha tenido tirón lo de Toy Story, y ni aparece en mi contenido, jeje. Muchas gracias por tus comentarios.
¡Buenas tardes!
Tu elección del tenedor me parece muy interesante precisamente por esa aparente simplicidad que, a medida que avanzas en el análisis, se revela profundamente compleja. Me llamó especialmente la atención cómo conectas el objeto con diferentes contextos vitales y sociales, desde la infancia hasta la experiencia laboral en el restaurante, las cuales comparto y empatizo contigo como trabajadora en el sector de la hostelería.
Me ha gustado mucho tu enfoque y, solo por añadir alguna cosa, ya que mencionas la escena de The Little Mermaid, donde la Sirenita interpreta el tenedor como un peine desde su desconocimiento cultural, me parece interesante ampliar esa idea. Si buscamos en internet y sobretodo en redes sociales como Tik Tok o Youtube, encontramos numerosos ejemplos de resignificación cotidiana: personas que utilizan el tenedor para hacer lazos para regalos, para trenzar pulseras, como guía para maquillarse el eyeliner aprovechando las púas, para crear unas pequeñas pinzas uniendo dos tenedores con una goma, arreglar cremalleras, fabricar un perchero doblando el metal o incluso transformarlo en un portajoyas.
Estas prácticas demuestran que el diseño no determina completamente el uso y que los usuarios reinterpretan y expanden sus posibilidades gracias a su forma base básica. En ese sentido, el tenedor no solo responde a la necesidad universal de alimentarse con higiene, como señalas, sino también a otra necesidad muy humana: la de improvisar, adaptar y crear soluciones con los recursos disponibles.
¡Muy buen trabajo!
Perdona! te he contestado en un mensaje debajo, me he equivocado y ni le he dado a responder.
¡Gracias Erika! Pues sí, tienes toda la razón, he pasado un poco de puntillas por la escena de la Sirenita (muchas veces me enrollo escribiendo y me da miedo pasarme, y otras veces me quedo corto). Yo creo que todo viene por los referentes que tenemos. En el caso del tenedor, desde que nacemos vemos a nuestros padres y familiares más cercanos utilizarlo, y al igual que vemos el manejo de otros objetos cotidianos, como el cepillo de dientes, la escoba, la fregona o una silla, los niños son una máquina de copiar comportamientos. Mi hija pequeña, con pocos meses, ya quería usar cubiertos, ¿por qué? Solo para imitar a su hermana mayor, quería ser como ella. Para ellos, y para nuestra cultura occidental, es algo casi innato, que hemos visto desde que hemos nacido.
Todo esto me recuerda a una película, Room, muy dura, sobre un niño que vive en cautividad en una pequeña habitación con su madre. Nunca ha salido de allí y cuando por fin lo liberan de su captor, el pobre niño no sabe subir escaleras: nunca ha interactuado con ese objeto y su cuerpo no está preparado. Lo mismo le pasó a la sirenita: ella nunca interactuó con el tenedor, solo lo vio usar una vez a la gaviota.
Otro punto aparte sería el factor creatividad: cómo algunos sujetos tienen la gran habilidad de darle una vuelta de tuerca al objeto y otorgarle una nueva funcionalidad. En este caso el usuario conoce la función principal del objeto, pero le da una nueva identidad gracias al ingenio.
Es un tema muy interesante, ¡gracias de nuevo!