Reto 2. Fase 1: Definir la comunidad

La comunidad que he elegido para desarrollar esta investigación es la asociación APASA, situada en Santa Bárbara. Se trata de una entidad sin ánimo de lucro que trabaja con personas con diversidad funcional, especialmente con trastornos del espectro autista, síndrome de down… promoviendo su desarrollo personal, social y laboral a través de diferentes actividades y programas (APASA, s. f.)
La elección de esta comunidad parte de una vinculación personal directa, ya que mi hermano forma parte de este colectivo (aunque aún no tiene la edad para entrar, está en la escuela de la misma comunidad). Esta cercanía me ha permitido tener un primer contacto con su realidad cotidiana, aunque el objetivo de este trabajo es ir más allá de esa experiencia previa y aproximarse desde una mirada más analítica, sobre todo con estas personas ya en la edad adulta y teniendo en cuenta que cada persona es muy diferente. En este sentido, se trata de aprender a observar de manera consciente, cuestionando lo que doy por hecho y tratando de entender cómo se construyen los significados en este contexto.
Siguiendo a Guber (2001), la etnografía implica adentrarse en el campo desde la reflexividad, siendo consciente de la propia posición como investigadora y de cómo esta influye en la interpretación. En mi caso, este aspecto es especialmente relevante, ya que mi relación previa con la comunidad puede condicionar mi mirada, pero también facilitar el acceso y la confianza.
APASA constituye una comunidad accesible, ya que existe la posibilidad de visitarla e interactuar con sus miembros. No obstante, será fundamental tener en cuenta aspectos éticos como el consentimiento informado, la privacidad y el respeto hacia las personas participantes, especialmente al tratarse de un colectivo vulnerable.
Mis expectativas se centran en comprender cómo las personas se relacionan con los objetos, los espacios y las actividades que estructuran su día a día. Tal como plantea Guber (2017), es necesario “descotidianizar” la mirada, es decir, observar lo cotidiano como si fuera extraño, para poder identificar dimensiones culturales que normalmente pasan desapercibidas.
Desde el diseño, este enfoque permite no solo detectar necesidades funcionales, sino también entender los significados, afectos y valores que las personas atribuyen a su entorno, abriendo la posibilidad de diseñar de forma más inclusiva y situada.

Webgrafía:
Guber, R. (2017). Descotidianizar. Extrañamiento y conciencia práctica. Un ensayo sobre la perspectiva antropológica. Cuadernos de Antropología Social, (46), 11–30.
APASA. (s. f.). APASA. https://www.apasa.org/
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.
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