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Antropología del Diseño: Entrega 1

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Debate0en Antropología del Diseño: Entrega 1

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Reto 1. La antropología en el diseño Yaiza López Rodríguez

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Reto 1. La antropología en el diseño Yaiza López Rodríguez

1. Mi vinculación personal con el objeto El objeto que he elegido para este trabajo es una baraja de tarot, aunque realmente…
1. Mi vinculación personal con el objeto El objeto que he elegido para este trabajo es una baraja de…

1. Mi vinculación personal con el objeto

El objeto que he elegido para este trabajo es una baraja de tarot, aunque realmente solo creamos que son simplemente unas cartas ilustradas, para mí el tarot tiene un significado que va más allá. Lo que más me interesa es su simbología y la manera tan interesante de como las ilustraciones de las cartas te permiten reflexionar sobre diferentes situaciones personales y emocionales.

Mi interés por el tarot comenzó a finales de octubre de 2023. Un par de años antes me compré una baraja solamente porque me gustaron sus ilustraciones, pero no fue hasta octubre de ese año que me sentí atraída por utilizarla. Sentí bastante curiosidad y empece a tirar las cartas. Aunque las interpretaciones que hice fueron bastante acertadas, no sentí que conectaba con esa baraja y me compré tres más, una pensada para principiantes, otra con mensajes escritos y una versión más cercana al tarot tradicional.

Ese mismo año, en la noche de Halloween, decidí disfrazarme de tarotista y llevar una de las barajas con mi grupo de amigos. Y entre bromas y risas empecé a tirarles las cartas a varias personas, de una manera bastante escéptica. La experiencia fue curiosa porque muchos de ellos comenzaron tomándolo como una broma, pero a medida que avanzaban las tiradas empezaron a tomárselo más en serio. Algunas cartas explicaban situaciones personales muy concretas de ellos, lo que más me sorprendió fue la reacción de las personas y la intensidad con la que miraban las cartas porque no son personas creyentes ni influenciables, aunque empezó siendo un juego entre nosotros, las tiradas se convirtieron en conversaciones profundas.

Esto me hizo pensar que el tarot funciona también como una herramienta que te puede ayudar a expresar y reflexionar sobre aspectos personales que quizá no se dirían de otra manera o que incluso nunca te hayas planteado.

2.Características formales y función

Una baraja de tarot tiene 78 cartas divididas en dos grupos, los arcanos mayores y los arcanos menores, cada una tiene ilustraciones que representan escenas simbólicas o personajes arquetípicos, como el mago, la emperatriz, la rueda de la fortuna o la muerte.

Es un objeto diseñado para ser manipulado y utilizado para hacer diferentes tiradas. Su tamaño, el grosor del papel y el formato rectangular está pensado para que sea más sencillo usarlo con las manos.

Su función es buscar significados y orientación para evitar la incertidumbre, ya que muchas culturas han hecho estos rituales para interpretar la realidad o adelantarse al futuro.

3. Dimensiones culturales y funciones simbólicas

Hoy en día el tarot lo relacionamos con la adivinación, pero las primeras barajas de tarot que aparecieron en Europa durante el siglo XV, especialmente en Italia, se utilizaban inicialmente como cartas de juego, pero con el tiempo en el siglo XVIII se comenzó a utilizarse en el ocultismo y la interpretación simbólica.

Jugadores de tarot. Fresco del palacio Borromeo, en Milán. Mediados del siglo XV.
Foto: M. Carrieri / DEA / Album
Pedro Ortega Ventureira. Historiador del Arte.

Si lo miramos desde el lado antropológico, tiene dos maneras de mirarse, por un lado, forma parte de prácticas rituales o espirituales vinculadas a la búsqueda de conocimiento interior u orientación vital y por el otro, también es un producto cultural para colectivos sobre el misterio, la intuición o el destino.

Las cartas funcionan como símbolos culturales que tienen significados personales, por eso cada persona puede interpretar las imágenes a su manera que dependerán de su contexto cultural, su experiencia y sus creencias. Teniendo en cuenta esto, podemos ver que el tarot no solo nos da los significados preestablecidos, sino que también genera nuevos significados cada vez que las utilizas con diferentes personas.

4. Comparación con otros contextos culturales

El utilizar elementos simbólicos para interpretar la realidad no es solo del tarot, hay muchas culturas donde hay sistemas parecidos, como el I Ching en China o diferentes métodos de adivinación basados en símbolos, como las runas o elementos naturales como los huesos.

Por todos estos rituales de adivinación podemos ver que como humanos siempre hemos tenido la necesidad de buscar un significado en las situaciones que nos ocurren y de reflexionar sobre el futuro, por eso cada cultura crea sus propios símbolos y prácticas para resolver estas necesidades.

Laemperatriztarologia
5. Relación entre diseño y antropología

El tarot es un buen ejemplo de cómo el diseño y la cultura están conectados, porque las cartas no son solo un objeto que se puede manipular sino que también son un universo de símbolos hecho a base de imágenes, dibujos y narrativas con arquetipos.

En la antropología del diseño, los objetos no solamente se analizan por la utilidad, sino también por sus significados, en este caso el diseño visual de las cartas nos enseña ideas sobre el destino, poder, transformación o conocimiento.

Por eso los objetos diseñados no son neutrales, tienen mucho que ver con formar parte de la cultura y sus colectivos. Al hacer un análisis como este se puede entender más claramente como el diseño está en la creación de significados dentro de nuestra sociedad.

Bibliografía:

Client challenge. (s. f.). https://es.scribd.com/document/88919207/Curso-Antropologia-y-Tarot

Larder, M., & Larder, M. (2020, 21 julio). Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico a lo largo de la historia de un juego de cartas – LIBROS, nocturnidad y alevosía. LIBROS, nocturnidad y alevosía – Una mirada alevosa sobre libros, personajes y recorridos. https://librosnocturnidadyalevosia.com/jung-y-el-tarot-un-viaje-arquetipico-a-lo-largo-de-la-historia-de-un-juego-de-cartas/

Nuño, A. (2023b, junio 13). ¿Dónde nacieron las cartas del tarot? Esta es su increíble (y antigua) historia. elconfidencial.com. https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2023-06-13/increible-historia-tarot-cartas-revelan-destino_3662376/

Rodrigo, C. (s. f.). El simbolismo del Tarot_Ouspenky. Scribd. https://es.scribd.com/document/859309697/El-Simbolismo-del-Tarot-Ouspenky

Universidad de Córdoba España. (s. f.). Tarot psicológico: Comprendiendo el futuro a través del presente en Ars Magik. Studocu. https://www.studocu.com/es/document/universidad-de-cordoba-espana/antropologia-social/tarot-psicologico-comprendiendo-el-futuro-a-traves-del-presente-en-ars-magik/147411628 Antropología social.

Debate2en Reto 1. La antropología en el diseño Yaiza López Rodríguez

  1. Belén Quintana Gascón says:

    Hola Yaiza,

    Me ha parecido muy interesante tu elección del tarot porque muestra muy bien cómo un objeto puede ir mucho más allá de su función aparente. Me ha llamado especialmente la atención cómo cuentas el momento en el que empezaste a utilizar las cartas con tus amigos, ya que esa experiencia refleja muy bien cómo un objeto puede generar conversaciones y reflexiones personales, incluso entre personas que al principio lo toman como un juego.
    También me parece muy acertada la idea de que el tarot funciona como un sistema de símbolos que cada persona interpreta de forma diferente según su experiencia. Eso demuestra que el significado del objeto no está solo en las cartas en sí, sino también en la manera en que las personas interactúan con ellas.
    Creo que tu trabajo explica muy bien cómo el diseño de las imágenes y los símbolos del tarot conecta con aspectos culturales, emocionales y personales, lo que encaja muy bien con la idea de analizar los objetos desde una perspectiva antropológica.

  2. Zaira Gallarin González says:

    Hola Yaiza,
    Me ha parecido muy interesante tu elección del tarot como objeto de análisis, sobre todo porque explicas muy bien tu relación personal con él. Me gusta cómo cuentas que al principio empezó casi como un juego entre amigos y terminó generando conversaciones más profundas, porque eso muestra muy bien cómo un objeto puede tener una función social más allá de la que normalmente imaginamos.
    También me parece interesante la idea de que el tarot funcione como una herramienta para reflexionar sobre situaciones personales, más que solo como algo relacionado con la adivinación. Creo que explicas bien cómo las imágenes y los símbolos permiten que cada persona haga su propia interpretación según su experiencia.
    Además, la parte en la que relacionas el tarot con otros sistemas simbólicos de diferentes culturas me parece muy acertada, porque muestra que esa necesidad humana de buscar significado o orientación está presente en muchas sociedades. En general, creo que tu trabajo explica muy bien cómo un objeto diseñado puede tener dimensiones culturales, simbólicas y sociales

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Omamori: pequeños objetos cargados de significado

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Omamori: pequeños objetos cargados de significado

1.Mi relación personal con el objeto En Septiembre de 2024 tuve la gran oportunidad de poder viajar a Japón, uno de los…
1.Mi relación personal con el objeto En Septiembre de 2024 tuve la gran oportunidad de poder viajar a Japón,…

1.Mi relación personal con el objeto

En Septiembre de 2024 tuve la gran oportunidad de poder viajar a Japón, uno de los países que siempre he querido visitar desde que era pequeño. Durante mi viaje visité lugares como Tokio, Osaka e Hiroshima. Una vez allí, estuve en bastantes templos y santuarios. En muchos de ellos se venden «omamori», unos pequeños amuletos tradicionales que las personas compran para atraer suerte o protección en distintos aspectos de la vida. La primera vez que los vi me llamaron la atención por su aspecto ya que son unos pequeños sacos de tela con bordados y colores realmente llamativos.

En total compré seis «omamori” diferentes. Cada uno estaba asociado a un tipo de protección distinto: bienestar familiar, buena suerte, prosperidad económica o protección general. Sin embargo, los que tienen un significado más especial para mí son dos en concreto: uno azul y otro rosa relacionados con las relaciones personales. Decidí comprarlos para poder compartirlos con mi mejor amiga, de forma que cada uno tuviéramos uno. Más allá de su función original como amuletos de protección, para mí se convirtieron también en un símbolo de nuestra amistad y en un recuerdo muy personal del viaje.

2.Características del objeto y función práctica

Los «omamori» son objetos bastante simples a simple vista. Normalmente consisten en un pequeño saco de tela bordada que contiene en su interior una oración o bendición escrita en papel o en madera. Según la tradición japonesa, estos amuletos no deben abrirse, ya que se considera que si se abren pierden su poder.

Cada «omamori» suele tener un color o unas inscripciones que indican el tipo de protección que ofrece. Por ejemplo, existen amuletos relacionados con la salud, el éxito en los estudios, la seguridad en los viajes o las relaciones personales. De esta manera, un mismo objeto puede responder a distintas necesidades humanas. En el fondo, todos estos amuletos tienen una función similar: ofrecer protección o buena suerte frente a la incertidumbre de la vida cotidiana.

3.Prácticas sociales y significado cultural.

En Japón es bastante habitual comprar «omamori» en templos o santuarios y llevarlos encima en la vida cotidiana, por ejemplo en el bolso, en la mochila o incluso en la cartera. También es común regalarlos a otras personas en momentos importantes, como antes de un examen o cuando alguien empieza una nueva etapa. Esto hace que el objeto no tenga solo una función individual, sino también una dimensión social. En mi caso, compartir uno de los amuletos con mi amiga hizo que el objeto adquiriera un significado personal que va más allá de su función original.

Tal como se explica en los recursos de aprendizaje, la cultura no se compone únicamente de ideas o valores abstractos, sino también de los objetos que utilizamos en nuestra vida cotidiana, lo que se conoce como cultura material. Estos objetos ayudan a estructurar nuestras prácticas sociales y a transmitir significados compartidos dentro de una comunidad. En el caso de los «omamori», su valor no está únicamente en el objeto físico, sino en el sistema de creencias y las relaciones sociales que lo rodea.

4.Dimensiones culturales del objeto

Si se observa desde una perspectiva más amplia, los «omamori» muestran cómo diferentes culturas desarrollan objetos para responder a necesidades similares. Muchas sociedades tienen amuletos o talismanes que se utilizan para protegerse o atraer buena suerte. Lo interesante es cómo cada cultura les da una forma concreta y los integra en sus prácticas sociales.

Desde la antropología se entiende que los objetos también forman parte de la cultura, porque reflejan la manera en que las personas entienden el mundo y se relacionan con él. Es decir, estudiar los objetos cotidianos permite entender mejor las prácticas y valores de una sociedad (IDreal Design, s.f.). En este sentido, los «omamori» son un buen ejemplo de cómo un objeto sencillo puede tener al mismo tiempo un valor práctico, simbólico y cultural.

5.Reflexión final

Cuando traje estos «omamori» conmigo a España, su significado cambió completamente. En Japón forman parte de un contexto cultural y religioso muy concreto, mientras que aquí pueden verse simplemente como recuerdos de viaje. Sin embargo, para mí siguen teniendo un valor especial porque están vinculados tanto a la experiencia del viaje como al gesto de compartirlo con un ser querido. Desde la perspectiva del diseño y la antropología se puede decir que se conectan en la forma en que los objetos forman parte de nuestras experiencias y de la manera en que damos sentido a lo que nos rodea.

6.Bibliografía.

Debate4en Omamori: pequeños objetos cargados de significado

  1. Jasone Etxegarai Gallastegi says:

    Hola Endika!
    Me ha parecido una entrada muy interesante, sobre todo porque explicas muy bien cómo un objeto aparentemente pequeño y sencillo puede llegar a concentrar tantos significados distintos. Creo que está muy bien resuelta la relación entre la experiencia personal del viaje y la dimensión cultural del omamori, ya que no te quedas solo en describirlo como recuerdo, sino que muestras cómo su sentido cambia según el contexto y las relaciones que construimos alrededor del objeto.
    También me parece muy acertado que destaques su dimensión social, especialmente en el gesto de compartirlo con tu amiga. Ahí se ve muy bien cómo un objeto no solo cumple una función simbólica dentro de una cultura concreta, sino que también puede adquirir nuevos significados en la experiencia personal. Además, el ejemplo del omamori me parece especialmente potente porque muestra cómo diseño, antropología y creencias se entrelazan en la vida cotidiana. No es solo un amuleto, sino también un objeto diseñado para vehicular protección, afecto, memoria y pertenencia. Muy buena elección y muy buena reflexión.
    Me encantan los omamori!!

  2. Yaiza López Rodríguez says:

    Hola!

    Tu objeto me ha llamado mucho la atención porque desde pequeña me ha interesado mucho Japón y, en general, la cultura asiática. El omamori creo que es un claro ejemplo de cómo un objeto puede significar mucho culturalmente dependiendo del contexto religioso y cultural, como el hecho de compartir uno de los amuletos con tu amiga lo transforma completamente, porque deja de ser solo un talismán de protección y se convierte en un símbolo de vuestra amistad.

    El objeto que yo elegí es una baraja de tarot, y creo que tu objeto también tiene bastantes cosas en común, son buenas herramientas simbólicas que ayudan a las personas a encontrar estabilidad y orientación, porque buscan llenar esa necesidad humana de encontrar guía o protección ante las cosas que nos pasan.

  3. Sergio Jovani Pérez says:

    Hola Endika,

    Me ha parecido muy interesante tu elección, ya que también tengo un omamori que me trajeron como regalo de Japón. Describes muy bien su función cultural y simbólica, en la que he podido comprender por el propio significado personal que tiene para mí, más allá de su función como amuleto. Creo que el omamori ejemplifica lo que explicas, y más, en una cultura como la japonesa en la que muchísimos de los objetos que puedes encontrar tienen una carga simbólica y cultural muy importante, como los tori, las tablillas ema de los templos, el daruma o el maneki-neko entre otros muchos casos.

    Estos casos, son una muestra no sólo de la carga simbólica y el significado personal, también refleja la influencia del sintoísmo y el budismo en la cultura nipona. Por tanto, es un ejemplo perfecto de cómo un objeto es al mismo tiempo desde el punto de vista antropológico, un elemento representativo cultural que aporta significados, experiencias y prácticas sociales fuertemente adheridas a la cultura de Japón.

    ¡Muy buena elección!
    Un saludo, Sergio.

  4. Belén Quintana Gascón says:

    Hola Endika,
    Me ha gustado mucho tu elección del omamori. Creo que es un ejemplo muy claro de cómo un objeto pequeño puede tener una carga cultural muy grande. Además, el hecho de que lo comprases durante tu viaje a Japón hace que el objeto no sea solo un amuleto tradicional, sino también un recuerdo de una experiencia personal importante.
    También me parece muy interesante que compartieras uno con tu mejor amiga. En ese momento el objeto deja de ser solo un símbolo religioso o cultural y pasa a representar también una relación personal, lo que muestra muy bien cómo los objetos pueden adquirir nuevos significados según el contexto.
    Tu trabajo refleja bien cómo el valor de un objeto no está solo en su función, sino en las historias, las prácticas sociales y las experiencias que se construyen alrededor de él.

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actividad R1 Antropologia del Diseño ¨El Juego de los Objetos¨_Víctor Cano Durán

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Mi objeto: Xbox Elite Series 2 El objeto que he elegido es mi Xbox Elite Wireless Controller Series 2, el mando con…
Mi objeto: Xbox Elite Series 2 El objeto que he elegido es mi Xbox Elite Wireless Controller Series 2,…

Mi objeto: Xbox Elite Series 2

El objeto que he elegido es mi Xbox Elite Wireless Controller Series 2, el mando con el que empecé a competir en Fortnite durante la cuarentena.

No es solo un mando. Es un objeto que representa una etapa muy concreta de mi vida.

Mi vinculación personal

Compré este mando cuando decidí empezar a competir más en serio. Durante la cuarentena, mientras el mundo estaba parado, mi rutina se centraba en entrenar, mejorar y competir. Llegué a quedar alrededor del puesto 3000 de Europa y gané algunos torneos no oficiales.

Este objeto simboliza constancia, esfuerzo y superación personal. Me recuerda horas de entrenamiento, risas con amigos y la satisfacción de ganar. También representa el momento en que el juego dejó de ser solo ocio y se convirtió en reto competitivo.

El juego, como práctica humana universal, ha sido estudiado por autores como Huizinga (1938/2000), quien plantea que la cultura misma surge y se desarrolla en forma de juego. En este sentido, mi experiencia competitiva forma parte de una dimensión cultural más amplia.

Características formales y funcionales

El Xbox Elite Series 2 destaca por:

  • Diseño ergonómico.

  • Materiales premium.

  • Personalización avanzada de botones.

  • Ajuste de sensibilidad y gatillos.

  • Palancas traseras (paddles).

Responde a la necesidad universal del juego, pero también a la cultura contemporánea del rendimiento y la optimización. Norman (2013) explica que el diseño no solo debe ser funcional, sino también generar experiencia significativa. En este caso, la posibilidad de personalización no solo mejora el rendimiento, sino que refuerza la sensación de control y dominio.

Dimensiones culturales y funciones simbólicas

El gaming ha evolucionado de entretenimiento doméstico a industria global y fenómeno cultural. Según Taylor (2012), los e-sports representan una profesionalización del juego que transforma prácticas sociales, identidades y economías.

En este contexto, un mando “Elite” simboliza:

  • Compromiso competitivo.

  • Inversión en rendimiento.

  • Identidad gamer.

  • Pertenencia a una comunidad.

Bourdieu (1984) señala que los objetos también pueden funcionar como capital simbólico, es decir, como elementos que otorgan reconocimiento dentro de un grupo social. Dentro del entorno competitivo, este mando puede interpretarse como un marcador de implicación y nivel.

El significado cambia según la generación o el contexto social: para algunos es un simple accesorio; para otros, una herramienta profesional.

Comparación histórica y cultural

Los primeros mandos de videojuegos eran simples y limitados. La evolución hacia dispositivos personalizables refleja una transformación cultural: el paso del juego casual al alto rendimiento competitivo.

En países como Corea del Sur, los e-sports tienen reconocimiento institucional, mientras que en otros contextos aún se perciben como ocio. Esto demuestra que el significado simbólico del objeto no es fijo, sino culturalmente construido.

Desde la antropología del diseño, los objetos no son neutros: median prácticas sociales y configuran formas de relación (Miller, 2010). Mi mando no solo controla un videojuego; articula relaciones sociales, competencias y vínculos afectivos.

Diseño y antropología

La antropología estudia cómo los objetos forman parte de la cultura material. El diseño, por su parte, materializa valores culturales.Este mando refleja valores contemporáneos como:

  • Competitividad.

  • Individualización (personalización).

  • Optimización del rendimiento.

  • Profesionalización del ocio.

  • El concepto de cultura es clave porque los objetos adquieren significado dentro de prácticas sociales compartidas. Como plantea Miller (2010), los objetos no solo reflejan la cultura, sino que la producen activamente.

    Reflexión final

    El Xbox Elite Series 2 es para mí mucho más que un dispositivo tecnológico. Representa una etapa de crecimiento personal, amistades que aún conservo y una identidad construida alrededor de la constancia y la competición.

    Desde la relación entre diseño y antropología, este objeto demuestra que los artefactos diseñados no son simples herramientas funcionales, sino mediadores culturales que organizan experiencias, valores y relaciones sociales.

    Referencias (formato APA 7ª edición)

    Bourdieu, P. (1984). Distinction: A social critique of the judgement of taste. Harvard University Press.

    Huizinga, J. (2000). Homo ludens. Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1938)

    Miller, D. (2010). Stuff. Polity Press.

    Norman, D. A. (2013). The design of everyday things (Revised and expanded edition). Basic Books.

    Taylor, T. L. (2012). Raising the stakes: E-sports and the professionalization of computer gaming. MIT Press.

Debate2en actividad R1 Antropologia del Diseño ¨El Juego de los Objetos¨_Víctor Cano Durán

  1. Antonio Jimenez Reina says:

    Buenas Víctor, tu historia me resuena bastante porque durante la cuarentena yo viví algo parecido, aunque con Call of Duty: Warzone. También hubo muchas horas, mucha implicación y una rutina construida alrededor del juego. A día de hoy no es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso, a veces pienso que si hubiera invertido ese tiempo en la UOC quizá ya tendría hasta el máster… (jajaja) Pero también entiendo que en ese momento fue mi forma de gestionar la situación.
    Por eso conecto con su objeto. El mando no es solo una herramienta para jugar, es un testigo de una etapa muy concreta. Me hace pensar en cómo los objetos que nos acompañan cuando nos obsesionamos o nos enfocamos tanto en algo acaban formando parte de nosotros sin que nos demos cuenta. Son extensiones de nuestras rutinas, de nuestras metas o incluso de nuestras evasiones. Además nosotros como tal somos Amateur, pienso en escalas mas grandes donde atletas de elite o profesionales tienen que pasar tantas horas con estos elementos, que forman parte de su propio cuerpo.
    Además, creo que también es interesante fijarnos en el mando en todas sus formas y funciones. Pienso, por ejemplo, en el de la Play, que me parece incluso más completo en algunos aspectos: con los mismos botones puedes manejar a una persona, a un jugador de un deporte de élite, a un militar en una guerra virtual, conducir un coche o explorar mundos imaginarios. Es curioso cómo un mismo esquema de botones puede darnos el control sobre cualquier personaje, objeto o situación. Con un par de gestos somos capaces de movernos por realidades completamente distintas.
    Al final, el mando no solo simboliza rendimiento o identidad gamer, sino también control, proyección y capacidad de habitar otros mundos. Es un objeto pequeño, pero concentra una potencia enorme: traduce movimientos mínimos en experiencias inmensas. Y eso, pensado desde el diseño, me parece bastante potente.

    Un saludo Víctor, ¡ánimo con el grado!

  2. Andrea Gonzales-Rubio Exeni says:

    Hola Victor! Me he venido directa a tu objeto por la imagen, ya que también me encanta jugar (aunque sea más de PS5) jajaja
    Hablando seriamente, me ha parecido muy interesante el objeto que has elegido porque refleja muy bien cómo un algo tecnológico también puede tener una carga personal y sobre todo cultural muy fuerte. Muchas veces tendemos a pensar que un mando es solo una herramienta, pero en tu caso se ve claramente que representa una etapa concreta de tu vida. Cuando explicas que empezaste a competir y que el mando simboliza “constancia, esfuerzo y superación personal”, se entiende muy bien cómo un objeto puede acabar acumulando experiencias y recuerdos.
    También me ha parecido muy acertado cuando comentas que el juego ya no es solo ocio, sino que en muchos casos se convierte en una práctica cultural más compleja, con comunidades y amistades, identidades y formas de reconocimiento. Al final, como también comentas apoyándote en Miller, los objetos no son neutros: terminan formando parte de las prácticas sociales y de las relaciones que construimos alrededor de ellos.
    Para alguien que no juega, puede ser simplemente un mando más; pero para alguien que compite o pasa muchas horas entrenando, puede convertirse en una herramienta clave, sobre todo a nivel de ergonomía. La verdad es que me ha gustado mucho tu ejemplo porque muestra muy bien cómo un objeto que parece puramente cotidiano también puede estar lleno de experiencias, esfuerzo, vinculos y recuerdos.

    Un saludo!!!
     

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Reto 1. La antropología en el diseño

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Reto 1. La antropología en el diseño

Reto 1. La antropología en el diseño: «juego de los objetos« 1. Introducción ¡Hola todos! Os presento mi propuesta para el primer…
Reto 1. La antropología en el diseño: «juego de los objetos« 1. Introducción ¡Hola todos! Os presento mi propuesta…

Reto 1. La antropología en el diseño: «juego de los objetos«

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1. Introducción

¡Hola todos! Os presento mi propuesta para el primer reto de la asignatura antropología del diseño, para el cual debíamos hacer «un juego de los objetos» y escoger uno para luego poder analizarlo. 

Mi primera elección fue una silla, pero al repasar los contenidos de la asignatura y ver que era el ejemplo que se usaba, decidí buscar otro objeto. Antes de hablar de él, sin embargo, quería explicar por qué pensé en la silla. Siempre me ha parecido un objeto interesantísimo, en el que los seres humanos realizamos tareas muy dispares: descansar, socializar, estudiar, jugar, etc. Además, la silla era el eje central de un logotipo que diseñé para mi escuela de Diseño, en su cuadragésimo aniversario: la Escuela Pau Gargallo de Badalona. Por otro lado, este objeto también tuvo mucho peso en mi primer semestre en la UOC, ya que fue el que rediseñé para que fuera multinacional, inclusivo e intergeneracional.

Logo del 40 aniversario de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Pau Gargallo
Logo del 40 aniversario de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Pau Gargallo

 

Descartada la silla, escogí un objeto muy representativo de mi día a día y de una de mis aficiones, la cocina: el tenedor. La primera imagen que me viene a la cabeza es una escena icónica de mi infancia: la gaviota de La Sirenita con el «cachivache» que, según ella, era un objeto que los humanos utilizaban para peinarse. Sorprendentemente, es el mismo ejemplo que aparece en los contenidos, pero no he querido cambiarlo. Creo que esta coincidencia tiene que ser por algo; lo de la silla tiene un pase, pero coincidir también en esto ya me parece brujería.

 

DUO: Silla intergeneracional y modular
DUO: Silla intergeneracional y modular

¿Por qué he escogido este objeto? Haciendo un escaneo mental rápido, creo que es un objeto culturalmente muy rico: con él puedes catalogar el estatus y el poder adquisitivo de las personas. Por otro lado, aunque es un objeto funcional, también puede ser expositivo, ya que algunos están hechos con materiales nobles de gran valor, y poseerlos otorga distinción a quien los tiene. Así que, históricamente, podemos considerar el tenedor un objeto de lujo y no una herramienta cotidiana.

Por otro lado, el material con el que está hecho también es importante. Antiguamente definía también el estatus: no era lo mismo un tenedor de oro, que poseían los reyes, que uno de madera, que utilizaba la plebe. Pero en la actualidad su material está muy ligado a la sostenibilidad del planeta. Durante el «boom» de los plásticos abundaban los tenedores de un solo uso, pero con el tiempo su uso se ha ido reduciendo poco a poco, ya que no eran buenos ni para el planeta ni para nuestro organismo. Esta reducción nos llevó de vuelta al pasado, y ahora los tenedores desechables de madera están volviendo a ganar terreno.

Por último, a nivel histórico es un objeto relativamente nuevo en occidente: aunque los primeros tenedores se relacionan con reyes franceses de los siglos XV y XVI, y con el rey español Felipe III en el siglo XVII, su uso era exclusivo de las élites. No fue hasta el siglo XIX cuando se generalizó entre la población, aunque ya existen referencias del siglo XIV de sus antecesores, pinchos y ganchos que se utilizaban para trinchar la carne. Y a nivel cultural, aunque vivimos en una cultura de globalización, hay regiones donde su uso no está tan extendido: en Asia sigue siendo más común comer con palillos, y en otros países, como la India o el mundo árabe, está bien visto comer con las manos, pues lo consideran una conexión espiritual con la comida.

 

la sirenita
Escena de la Sirenita

 

2. El tenedor y yo

Mi relación con el objeto se podría decir que va creciendo poco a poco, ya que cocinar se ha convertido en uno de mis nuevos pasatiempos, y cada vez pongo más interés en ello asistiendo a cursos, viendo videotutoriales, etc. Pero mi primera toma de contacto con el tenedor quizás la asemejo más a mi infancia, cuando mis padres me asignaban la tarea de poner la mesa, un ritual lleno de orden y que me evoca nostalgia cuando mis hijas lo repiten hoy en día.

Por otro lado, mi experiencia con el objeto tiene un punto de inflexión cuando estuve trabajando muchos meses en el restaurante de un hotel de cinco estrellas en Inglaterra. En esta ocasión, el objeto formaba parte de un estricto protocolo que debía seguirse al pie de la letra, algo esencial para el «ethnos» (los ingleses más nobles). En el restaurante inglés el tenedor debía cumplir una serie de requisitos: debía estar impecable, siempre se le sacaba brillo a mano, no debía estar muy usado (los viejos se dejaban para ser utilizados por los trabajadores) y por último debía estar posicionado a la izquierda del plato y con las puntas hacia arriba, y siempre se disponían varios tenedores en función del menú (entrante, primer plato y segundo plato), colocados de fuera hacia dentro, de acuerdo con el orden de consumo de los platos. Y por supuesto cada tenedor era diferente en función de la comida: uno para entrantes y ensaladas, otro para pescado, otro para carnes y, si el postre lo requería, se debía colocar otro en la parte superior del plato de forma horizontal, con las puntas hacia la derecha. Esta experiencia me evoca disciplina, orden y jerarquización.

 

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Típica mesa británica

Años después, trabajé esporádicamente en el restaurante de un familiar cuando necesitaba ayuda, aunque normalmente ayudaba con todo lo relacionado con el diseño y la comunicación (identidad del local, diseño de aplicaciones, mantenimiento de la web, etc.), cuando hacía falta un camarero que montara las mesas o recogiera y lavara los platos allí estaba yo. No tenía nada que ver con mi anterior experiencia en el sector, ya que era un restaurante para gente trabajadora, de un estatus social menos elevado, y por lo tanto con un protocolo social menos exigente. Esta experiencia me evoca una sensación muy positiva de colaboración y apoyo. Y al formar parte del colectivo, me ayudó a entender el restaurante desde dentro, dándome una visión mucho más real.

 

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Restaurante Tirati Tiriti

 

Por otro lado, a nivel de trabajo como diseñador, he tenido la suerte de tener como clientes a muchos restaurantes, a los que he ayudado con su branding y aplicaciones gráficas, tanto digitales como físicas.

Por último, en mi etapa actual, el tenedor ha pasado a tener un papel muy importante también en la preparación de los platos, no solo en su degustación. Cocinar se ha convertido en un espacio de calma y de aprendizaje para mí, un momento en el que desconecto y experimento. En ese contexto, el tenedor ya no es solo el objeto que uso para comer, sino una herramienta creativa: para probar texturas, para emplatar, para remover. Esta etapa me evoca curiosidad, creatividad y relax, y encuentro muchos paralelismos con mi trabajo como diseñador, ya que en ambos casos el proceso es tan importante como el resultado, y el error forma parte del aprendizaje.

 

3. Forma, función y sociedad

El tenedor es un utensilio compuesto por un mango y una cabeza con púas, generalmente de dos a cuatro, diseñadas para pinchar, sostener y llevar los alimentos a la boca. Su forma es simple pero eficaz, y apenas ha variado en siglos.

Pero antes de hablar del tenedor como lo conocemos hoy, hay que mirar atrás. Como mencioné en la introducción, sus predecesores fueron los pinchos y ganchos utilizados para trinchar la carne. Eran utensilios más simples que respondían a una necesidad básica: no quemarse ni mancharse al manejar los alimentos. En este sentido, la necesidad universal que satisface el tenedor no es solo alimentarse, sino hacerlo con higiene, evitando el contacto directo de las manos con la comida. A lo largo del tiempo, esta necesidad ha adquirido un componente médico y sanitario, especialmente desde el desarrollo de la medicina moderna y la conciencia sobre la transmisión de enfermedades.

Sin embargo, ver el tenedor solo como una herramienta higiénica es demasiado limitado. Las prácticas sociales que lo rodean van mucho más allá de simplemente alimentarse. Comer no es solo un acto biológico; es una ceremonia cultural. La mesa se convierte en un lugar de encuentro, conversación, celebración y también jerarquía. Compartir una comida es uno de los rituales más universales de la humanidad. El tenedor, junto con el resto de la vajilla, forma parte del escenario de ese ritual. En las culturas occidentales, la disposición de los cubiertos, el orden en que se usan, e incluso su calidad y material, comunican mucho sobre el contexto social en el que estamos. No es lo mismo una comida familiar un domingo que una cena de negocios o un banquete de bodas.

 

4. El tenedor a través del tiempo y la cultura

Como iniciaba el anterior punto, donde describía el objeto, dejaba claro que el tenedor es un objeto que apenas necesita presentación, pero es precisamente en esta aparente simplicidad donde encontramos su riqueza (siempre, menos es más en el diseño), ya que pequeñas variaciones en su forma nos hablan de contextos culturales y sociales muy distintos. Por ejemplo, no es lo mismo un tenedor de fondue, largo y con dos púas para pinchar sin quemarse, que uno de postre, más pequeño y delicado, o el de ensalada, más ancho y robusto. Cada variación responde a una práctica social concreta, y su diseño lo refleja.

A nivel simbólico, el tenedor siempre ha sido un marcador de distinción. Como comentaba en la introducción, históricamente su material lo decía todo de él: por ejemplo, el oro y la plata eran exclusivos de la nobleza, mientras la plebe comía con las manos o con utensilios de madera. Con la industrialización llegó el acero inoxidable, un material al alcance de todos, pero que también hizo desaparecer parte de ese valor simbólico, que de cierta manera ordenaba las clases sociales. En la actualidad, paradójicamente estamos volviendo a materiales nobles como el titanio o el acero de alta gama, que recuperan esa función de distinción en un mercado donde el diseño y la calidad vuelven a ser un signo de estatus. 

La evolución de sus materiales también refleja los valores de cada época. Como apuntaba antes, durante el boom del plástico el tenedor desechable fue el símbolo de la modernidad y la comodidad. Hoy ese mismo objeto nos genera rechazo, y su reducción es un reflejo de una conciencia medioambiental que ha cambiado nuestra relación con los objetos cotidianos. Y como también apuntaba, esto nos ha llevado de vuelta a la madera, aunque en mi etapa actual, como he explicado en el apartado anterior, incluso ese material se cuestiona por su porosidad y la acumulación de bacterias. El tenedor, en definitiva, es un termómetro de los valores de cada momento histórico.

Y luego está la dimensión intercultural, que quizás es la más fascinante. En Asia, los palillos no son solo un utensilio alternativo, son una extensión de la cultura, la historia y la identidad de sus pueblos. En la India o en el mundo árabe, comer con las manos no es una falta de refinamiento sino todo lo contrario: una conexión directa y espiritual con el alimento, algo que ya mencionaba brevemente en la introducción y que merece ser subrayado aquí. Desde nuestra perspectiva occidental puede sorprender, pero dice mucho de cómo cada cultura construye sus propios rituales en torno a algo tan universal como alimentarse. El tenedor, en este sentido, no es más que una solución cultural entre muchas posibles.

 

tipos de tenedores
Tipos de tenedores

 

5. Diseño, antropología y cultura

Después de analizar el tenedor desde su historia, sus materiales, sus usos y mis propias experiencias con él, resulta evidente que no es solo un utensilio funcional. Es un objeto profundamente cultural. Y es precisamente en ese punto donde se cruzan el diseño y la antropología.

Si miramos el tenedor desde la antropología, lo situamos en su contexto histórico y social. Nos preguntamos quién lo utilizaba, qué material tenía, qué estatus representaba y cómo organizaba las relaciones en la mesa. Entendemos que no siempre fue un objeto cotidiano, que durante siglos fue símbolo de distinción y que todavía hoy su forma de uso varía según la cultura. La antropología observa, interpreta y contextualiza. Se mueve entre el pasado y el presente para comprender cómo hemos construido estos significados.

Desde el diseño, en cambio, la mirada cambia. No solo analizamos lo que el tenedor ha sido, sino lo que puede llegar a ser. Como señala Ton Otto, «el diseño no se limita a analizar situaciones existentes, sino que propone transformaciones mediante la creación de nuevas posibilidades». El diseño actúa, interviene y proyecta hacia el futuro. Si hoy cuestionamos los materiales por motivos medioambientales o replanteamos su ergonomía, estamos diseñando desde esa anticipación. No partimos de certezas absolutas, sino que trabajamos con hipótesis, pruebas y ajustes. El error forma parte del proceso.

«La antropología nos permite entender de dónde viene el tenedor y qué significados ha acumulado. El diseño, en cambio, nos permite preguntarnos hacia dónde puede ir.»

A partir de los años setenta, tal como cita Otto, los diseñadores comenzaron a reconocer el valor de los datos etnográficos para comprender mejor las necesidades reales de las personas. En el caso del tenedor, esto significa entender no solo cómo se usa, sino qué representa, qué rituales transmite y qué valores incorpora. Diseñar sin tener en cuenta esa dimensión cultural sería reducirlo a pura función.

Si comparamos los roles, también encontramos diferencias. El antropólogo adopta una posición horizontal frente a las comunidades que estudia. El diseñador, especialmente en enfoques contemporáneos, trabaja desde la colaboración y la co-creación. Diseñamos para la gente y creamos con la gente. Para ello es imprescindible comprender sus prácticas y su contexto, es decir, su cultura.

La cultura se comparte, se adapta y se integra hasta parecer natural. El uso del tenedor nos resulta casi instintivo, pero en realidad es una construcción cultural aprendida. En otras sociedades, como ya he mencionado, se utilizan palillos o directamente las manos, y eso no implica mayor o menor refinamiento, sino otra forma de entender la relación con la comida. El objeto, por tanto, no es neutro.

Esto se observa claramente en proyectos como «Cross Cultural Chairs Launching», donde una misma tipología adopta significados distintos según el contexto cultural. Lo mismo ocurre con el tenedor. Su forma puede parecer universal, pero sus valores y usos no lo son. Los objetos portan información sobre las sociedades que los producen y los utilizan.

Esta misma lógica se aplica al «service design». Un servicio, como un objeto, solo funciona de verdad cuando es coherente con la cultura de quienes lo usan. Diseñar ignorando ese contexto, ya sea un tenedor o una experiencia de usuario, es diseñar a medias.

En conclusión, la antropología nos permite entender de dónde viene el tenedor y qué significados ha acumulado. El diseño, en cambio, nos permite preguntarnos hacia dónde puede ir. Ambos campos se encuentran en la cultura, que no es un añadido al diseño, sino su punto de partida.

El tenedor ha resultado ser mucho más que un utensilio: un marcador de estatus, un termómetro cultural, un objeto con siglos de historia detrás. ¿Os ha sorprendido algo de lo que habéis leído? ¿Y vosotros, qué objeto habéis escogido y qué os ha revelado sobre vuestra propia cultura? Abro el debate, me muero de curiosidad por descubrir vuestras elecciones.

 

6. Referencias 

Debate5en Reto 1. La antropología en el diseño

  1. Yaiza Rojas Salceda says:

    Buenas tardes Francisco,

    Igual que nuestro compañero José María, me he decido a leer tu publicación por la imagen de Toy Story, ya que me ha generado mucha curiosidad. Y, la verdad, es que me ha parecido muy interesante tu enfoque sobre el uso del tenedor. Tú análisis demuestra perfectamente cómo el contexto social e histórico influye directamente en el diseño de un objeto, así como en su uso.

    De esta manera, tal y como indicas con el ejemplo del restaurante de 5 estrellas, un objeto cotidiano y que utilizamos todos a diario ha llegado a desarrollar diferentes versiones para adaptarse a los diferentes tipos de alimentos e, incluso, se ha llegado a crear un protocolo específico a la hora de colocarlos en la mesa y de utilizarlos. Esto contrasta perfectamente con el otro restaurante donde trabajaste como diseñador dónde solo había un tenedor y sin protocolo existente.

    También me parece muy interesante la reflexión que utilizas sobre el cambio de materiales de los tenedores para adaptarse a las necesidade sociales y cómo, en la actualidad promovidos por el ecologismo y la cultura antiplásticos, se ha pasado de producir tenedores de plástico de un solo uso, asociados al ritmo social que llevamos, y que estos se hayan convertido en tenedores de madera.

    Muchas felicidades, porque me ha gustado mucho tu trabajo y me ha parecido muy interesante.

    1. Francisco Gomez Garcia says:

      ¡Hola Yaiza! Sí que ha tenido tirón lo de Toy Story, y ni aparece en mi contenido, jeje. Muchas gracias por tus comentarios.

  2. Erika Martinez López says:

    ¡Buenas tardes!
    Tu elección del tenedor me parece muy interesante precisamente por esa aparente simplicidad que, a medida que avanzas en el análisis, se revela profundamente compleja. Me llamó especialmente la atención cómo conectas el objeto con diferentes contextos vitales y sociales, desde la infancia hasta la experiencia laboral en el restaurante, las cuales comparto y empatizo contigo como trabajadora en el sector de la hostelería.
    Me ha gustado mucho tu enfoque y, solo por añadir alguna cosa, ya que mencionas la escena de The Little Mermaid, donde la Sirenita interpreta el tenedor como un peine desde su desconocimiento cultural, me parece interesante ampliar esa idea. Si buscamos en internet y sobretodo en  redes sociales como Tik Tok o Youtube, encontramos numerosos ejemplos de resignificación cotidiana: personas que utilizan el tenedor para hacer lazos para regalos, para trenzar pulseras, como guía para maquillarse el eyeliner aprovechando las púas, para crear unas pequeñas pinzas uniendo dos tenedores con una goma, arreglar cremalleras, fabricar un perchero doblando el metal o incluso transformarlo en un portajoyas.
    Estas prácticas demuestran que el diseño no determina completamente el uso y que los usuarios reinterpretan y expanden sus posibilidades gracias a su forma base básica. En ese sentido, el tenedor no solo responde a la necesidad universal de alimentarse con higiene, como señalas, sino también a otra necesidad muy humana: la de improvisar, adaptar y crear soluciones con los recursos disponibles.
    ¡Muy buen trabajo!

    1. Francisco Gomez Garcia says:

      Perdona! te he contestado en un mensaje debajo, me he equivocado y ni le he dado a responder.

  3. Francisco Gomez Garcia says:

    ¡Gracias Erika! Pues sí, tienes toda la razón, he pasado un poco de puntillas por la escena de la Sirenita (muchas veces me enrollo escribiendo y me da miedo pasarme, y otras veces me quedo corto). Yo creo que todo viene por los referentes que tenemos. En el caso del tenedor, desde que nacemos vemos a nuestros padres y familiares más cercanos utilizarlo, y al igual que vemos el manejo de otros objetos cotidianos, como el cepillo de dientes, la escoba, la fregona o una silla, los niños son una máquina de copiar comportamientos. Mi hija pequeña, con pocos meses, ya quería usar cubiertos, ¿por qué? Solo para imitar a su hermana mayor, quería ser como ella. Para ellos, y para nuestra cultura occidental, es algo casi innato, que hemos visto desde que hemos nacido.
    Todo esto me recuerda a una película, Room, muy dura, sobre un niño que vive en cautividad en una pequeña habitación con su madre. Nunca ha salido de allí y cuando por fin lo liberan de su captor, el pobre niño no sabe subir escaleras: nunca ha interactuado con ese objeto y su cuerpo no está preparado. Lo mismo le pasó a la sirenita: ella nunca interactuó con el tenedor, solo lo vio usar una vez a la gaviota.
    Otro punto aparte sería el factor creatividad: cómo algunos sujetos tienen la gran habilidad de darle una vuelta de tuerca al objeto y otorgarle una nueva funcionalidad. En este caso el usuario conoce la función principal del objeto, pero le da una nueva identidad gracias al ingenio.
    Es un tema muy interesante, ¡gracias de nuevo!

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